sábado, 26 de octubre de 2013

Mis héroes favoritos IV: El tanquista poeta

Estimados amigos,

     Hoy quiero hablaros de otro de mis héroes favoritos con el que además me siento muy identificado porque nuestras biografías, quitando las distancias, poseen bastante similitudes. Un hombre con un bello espíritu interior y un erudito del siglo pasado, amante de los clásico y de la poesía, además de ser uno de los estudiantes más brillantes de la Universidad de Oxford. Dado que es otro de mis héroes favoritos voy de nuevo a postear integra su biografía en lugar de subir únicamente un fragmento para que la disfrutéis al máximo. Este texto está extraido de mi última obra HÉROES BLINDADOS DE LA 2ª GUERRA MUNDIAL.


Keith, Douglas Castellain.  

Vergissmeinnicht

«Tres semanas  y los combatientes se han ido,
Volviendo sobre el suelo de pesadilla
encontramos el lugar de nuevo, y encontramos
al soldado tumbado hacia el sol.
El amenazador cañón de este arma 
lo eclipsa todo. Tal y como pasó
ese día, golpeó mi tanque una vez
como si fuera la entrada de un demonio.

Mira. Aquí en el despojo del interior del cañón
la deshonrada foto de su novia
que ha escrito en ella: Steffi. Vrgissmeinnicht
en una escritura gótica.

Lo vemos casi como algo
humillado, y el que parece haber pagado
y burlado por su propio equipo,
lo cual es duro y bueno cuando está muerto.
Pero ella lloraría si le viera hoy,
al ver como las moscas vuelan y se mueven sobre su piel,
el polvo sobre sus ojos de papel
y el estómago explotado como una cueva.

Porque aquí el amante y asesino se fusionan
cuerpo y corazón ensangrentados.
Y la Muerte eligió a este soldado 
y le ha entregado la herida mortal al amante.»

Este poema está escrito por uno de los poetas castrenses más importantes de la 2ª Guerra Mundial, Douglas Keith. La sensibilidad y exquisitez de los poemas y composiciones de este autor británico lo convirtieron años más tarde en el poeta más importante que participó en la 2ª Guerra Mundial, y lo más importante de todo es que fue oficial tanquista. Este poeta guerrera nació en la ciudad de Tunbridge Wells en el estado inglés de Kent el 24 de enero de 1920. 

La casta le venía al galgo dado que su padre era capitán del ejército británico retirado que se dedicaba a la crianza de pollos en la granja familiar, la cual tuvo que cerrar por dificultades financieras en 1926. El niño comenzó a estudiar en el colegio de Edgeborough School, en la ciudad de Guildford aunque solamente estuvo estudiando allí dos años, dado que la familia tuvo que mudarse en 1928 a la ciudad de Gales por las dificultades financieras del progenitor. El principal problema de la pobreza familiar radicaba en la enfermedad de la madre de Douglas, dado a los caros tratamientos a los que ella tenía que someterse. Finalmente esta situación acabó por desestabilizar el matrimonio, dado que se divorciaban en 1929. Su padre contraería nuevas nupcias en 1930. Keith decidió quedarse con su madre y rompió todo trato  con su progenitor con el que nunca volvería a comunicarse.
No hay duda que todos los grandes escritores sufren a lo largo de toda su vida, de tal forma que estos graves problemas personales les marcan para toda la vida, encendiendo así los fuegos gemelos de la creatividad literaria en su interior. Esto mismo lo confirma Keith años después en una carta de su puño y letra que hoy se conserva:

«Viví solo la mayor parte de mis años de formación de mi vida, y durante aquel tiempo viví solamente de mi imaginación, la cual era tan poderosa que me pudo persuadir de que las cosas que imaginé podían convertirse en realidad

Gracias a la generosidad del director de su escuela Douglas pudo continuar sus estudios, dado que como ya sabemos su familia era completamente pobre. En 1931 preparó su examen de ingreso al Christ`s Hospital donde la educación era gratuita y dispondría de ayudas económicas para poder seguir ayudando a su enferma madre. 
Fue aceptado y pudo continuar sus estudios en septiembre de 1931, lugar donde continuaría su formación hasta 1938. Es en esta institución donde se descubrió su considerable potencial capacidad literaria  y poética y su talento innato para la poesía. 
Como todas las grandes figuras literarias de todos los tiempos, la personalidad de Douglas era compleja y diferente a la de muchos de sus contemporáneos: poseía una personalidad caballeresca propia de otras épocas, quizás fomentada por la autoridad y constante pobreza a la que se había visto abocado a lo largo de toda su vida. Hay que decir que también era un enfervorecido pacifista, pero aun así tuvo oscuros acercamientos a las armas.

 Por ejemplo, en 1935 estuvo a punto de ser expulsado de su escuela por robar y utilizar un rifle de entrenamiento. No había duda que sentía una poderosa atracción por ellas a pesar de su defensa a ultranza de la paz. Su filosofía y sus ideas pacifistas resaltan enormemente en su personalidad, más cuando se distinguió entre otros alumnos en el Cuerpo de Entrenamiento de Oficiales en el que se alistó voluntario… ¿herencia de las Historias que su padre le comentó sobre la Primera Guerra Mundial? Posiblemente.

Hay que decir que desde 1935 su productividad como estudiante se hizo mucho más productiva, dado que sobresalió como uno de los mejores estudiantes de su promoción, y también destacó en varios deportes. En 1938, por ejemplo, ganó un concurso de lectura sobre Historia en el Merton College de Oxford. Tendría un excelente tutor en el Merton College, un veterano de la Primera Guerra Mundial que se quedó completamente impresionado por las dotes literarias de este ardoroso guerrero.   

Douglas se convirtió en editor de la revista The Cherwell, además de uno de los poetas que aparecieron en una antología llamada Eight Oxford Poets (1941) (“Los Ocho Poetas de Oxford”). Keith fue una importante figura juvenil en el mundo de la poesía y llegaría a conocer a otros poetas de su generación. 

Acabaría, por méritos propios como estudiante, en la Universidad de Oxford. Por supuesto, era un hombre particular, y peculiares fueron también sus relaciones sentimentales. Comenzó una relación con una estudiante china llamada Yingcheng, hija de un diplomático. 

Hablamos de “peculiar” porque hay que recordar que aún estamos hablando de los años 40, en la cerrada sociedad británica de mediados del siglo pasado, con sus intransigentes clichés sociales. Parece ser que la joven asiática no estaba tan enamorada de él como pensaba, dado que rechazó casarse con él. Este amor no correspondido le marcaría de por vida, aunque tuvo otras relaciones posteriores. Nada más empezar la 2ª Guerra Mundial Keith fue los primeros de Oxford en alistarse para la guerra. Es curioso, pues hay que recordar que había escrito encendidos poemas antibélicos en su periódico y en la Universidad, pero tal y como él reconoció:

«Todo cambia la naturaleza de la guerra, el campo de batalla es simple dado que es la escena principal de la guerra: es donde las cosas interesantes suceden.»

Estas palabras escondían en último término una sed de curiosidad sobre la guerra, sed que quedaría más que saciada. Además buscaba su propia fuente de creatividad, y la guerra apagó su sed literaria de inspiración.
Douglas se alistó en el cuerpo de caballería soñando con aprender como “hacer cosas increíbles con espadas y caballos”. A pesar de su formación tendría que esperar casi dos años para ver cumplidos sus sueños. Su vida militar comenzaría con un entrenamiento de 5 meses con vehículos blindados en la ciudad inglesa de Gloucestershire. La verdad es que Keith estaba amargado aquellos días por no poder acudir a la guerra. Finalmente parece que su suerte cambió en junio de 1941, cuando fue enviado a Oriente Medio. El barco que le transportaba llegó al Cairo y poco después a Palestina donde se unirían a los batallones blindados que se estaban preparando para dirigirse al desierto. En este momento Keith ostentaba el rango de Teniente, adquirido principalmente gracias a sus estudios universitarios de Historia en Oxford. 

Pesé a los ruegos a sus superiores Keith no sería enviado al frente, sino que se le asignó a una unidad especializada en camuflajes. Ese sería su papel durante la guerra. Tendría tiempo para lamentarse de su mala suerte en el hospital, dado que contrajo algún tipo de enfermedad de relativa seriedad que le mantendría durante un mes en cama. Nada más salir del hospital mili-tar volvieron a confirmarle que, efectivamente, su puesto estaría en la retaguardia. Su ardor guerrero podría haberse diluido si hubiera podido seguir entrenando con algún tanque, pero no había ningún vehículo blindado en la retaguardia, todos habían sido enviados al frente. Sin muchas ocupaciones gastó su exceso de energías en multitud de partidos de rugby con sus compañeros, dado que tampoco tenían mucho más que hacer. 

Con el inicio de las hostilidades en El Alamein al año siguiente comenzó el entrenamiento de Douglas en como proporcionar camuflaje a diversas unidades. Su falta de atención era más que palpable, dado que lo único que pensaba era en adquirir experiencia de combate. Durante las clases de entrenamiento olvidaba (tal vez adrede) las diversas técnicas de camuflaje y sus oficiales comenzaron a exasperarse con aquel universitario de Oxford. En las cartas que escribía a Inglaterra se podía leer sus frustraciones en este sentido:

«El empuje en el desierto occidental parece que va bien. Si no tienen cuidado no nos dejaran nada por hacer. Pareceré idiota si regreso a casa si nunca entro combate

Como ya sabemos Keith era un hombre de acción que estaba dispuesto a hacer lo que fuera para perseguir sus sueños. Cuando se enteró de que los británicos habían sufrido graves bajas en El Alamein en octubre de 1942 decidió actuar. Si su suerte no cambiaba la cambiaría el mismo. Robó un camión y se dirigió hacia el frente,  conduciendo a través del desierto del Sinai con intención de atravesarlo y:

«Para divertirme hasta que me atraparan y me juzgaran en un consejo de guerra

Consiguió localizar a las fuerzas del 8º Ejército Británico y se presentó al Coronel E. O. Kellet.  Su entrevista ante el Coronel sirvió para descubrir su desobediencia, cosa que pareció importar poco al coronel dado que habían sufrido graves pérdidas y estaba bastante falto de oficiales para cubrir las bajas en sus unidades, por lo que la jugarreta de Keith que había incluso llegado a falsificar una orden para unirse a las tropas del frente, fue asignado al Pelóton A de los Rangers de Sherwood. En esta unidad comandaría un tanque Crusader Mark III, además de otros 5 tanques que componían su pelotón.  
El Crusader Mark III era un tanque medio de 20 toneladas de una longitud de 5,97 metros. Con tres tripulantes (comandante, artillero y conductor), tenía un blindaje de 32 milímetros, lo que le hacía que no fuera muy pesado y pudiera alcanzar velocidades cercanas a los 40 kilómetros por hora en carretera. 
Tenía un cañón de 57 milímetros que podía perforar los tanques alemanes de aquella época (Panzer II, III y IV) sin demasiados problemas. 
Nuestro poeta estaba completamente lleno de júbilo y excitación, dado que por fin podría entrar en combate:

«Es excitante y emocionante ver a miles de hombres. Muy pocos son quienes tienen una clara idea de porque están luchando, todos endurecidos, viviendo de forma antinatural, peligrosos, pero no completamente terribles, teniendo que matar o ser matados, y aun así a intervalos se movían por el sentimiento de camaradería con los hombres que les mataban y que sabían que les iban a matar.»

Este entusiasmo chocaba de lleno con su total convicción de que no sobreviviría a la guerra. Era un soldado que no conocía el miedo. Tenía ansias de adquirir experiencia de combate a pesar del precio que tendría que pagar. 
Le gustaba ensañar diferentes acciones en su cabeza, y el horror y la desdicha de la guerra impregnaría sus poemas de aquel momento, llegando a escribir el que es considerado el mejor poema bélico de su generación. Ya en su unidad se preparó para la futura guerra del desierto que le esperaba por delante. Desde luego nada le había preparado para aquel campo de batalla:

«Por muy lejos que miraras lo único que se veía en la distancia eran dunas a la izquierda y a la derecha y formaciones muy estiradas de vehículos de todas clases, vehículos de tres toneladas y vehículos más pesados de suministros, los grupos de trabajo de campo con grandes vehículos de recuperación con manivelas de 25 libras y motos de cuatro ruedas, cañones en agujeros con sus tripulaciones tumbados detrás de ellos, fuegos hechos con gasolina por todas partes, donde las tripulaciones hervían su té y carne enlatada en sus latas de gasolina

Aun así el encanto de la guerra parecía haberle capturado: <ver a aquellos tanques cruzar el campo rápidamente era una emoción inagotable.>. También en aquellos días Douglas encontró la camaradería que ansiosamente buscaba entre sus compañeros tanquistas.

Acompañado con una copia de “Alicia en el País de las Maravillas” y otro con los mejores versos de Shakespeare comenzó sus experiencias en el campo de batalla. Pronto vería su primer cadáver, visión que se convertiría en algo tan común para él como el comer. Estos primeros shocks serían recogidos élegamente en una obra que recogió su presencia en África. También su vida como tanquista apareció reflejada en sus cartas a familias:

«Aumentamos de nuevo nuestra velocidad pero parecía que no había nada delante de nosotros. Comencé a suponer que habíamos dejado atrás a Andrew en medio de la niebla y me di cuenta que os habíamos perdido, sin ninguna información sobre nuestra posición y objetivo

El libro que recogería sus experiencias se llamaría “Del Alamein a Zem Zem” donde quedaron plasmados todos sus pasos en África, así como su experiencia en el aprendizaje del arte de la guerra. En una ocasión cavaron trincheras tras abandonar sus tanques y poco después comenzaron a ser atacados por fuego de mortero. Douglas ordenó a sus hombres esconderse debajo de sus Crusader. Después de algunos momentos un sargento apareció en lo alto de una torreta y dijo:

«¿Qué chorradas les estas inculcando a tus hombres? Si paran de cavar cada vez que un poco de mierda les caiga encima nunca terminarán. Vamos chicos, fuera y a hacer un poco de este trabajo sangriento.»

Estas lecciones serían aprendidas muy bien por el joven teniente dado que trató en todo momento de ser siempre honesto y claro en toda situación con sus hombres, manteniendo siempre un característico humor que sería una de sus señas de identidad en su unidad. En su obra fue muy crítico con los oficiales de alto rango con los que tuvo ciertos problemas, debido principalmente a sus orígenes humildes y a su exquisita educación, dado que la mayoría de oficiales solían ser miembros de familias pudientes o de la nobleza. También fue testigo de la entrada de los primeros tanques Churchill III en combate, los cuales fueron rápidamente destruidos. De este asunto llegaría a decir que:

«Quien quiera que haya organizado estas pruebas (*del Churchill III en combate), estoy seguro que se sienta detrás de su bigote de caballería en el cuartel General. El Cairo ha obviado informar a las tropas que combaten en primera línea.»

Otra de las anécdotas que definen el carácter de nuestro héroe es cuando asistió a un interrogatorio de un prisionero de guerra alemán el cual negó conocer las atrocidades nazis cometidas tanto en Polonia como Rusia, y Douglas le creyó, lo cual le causaría enemistarse con algunos oficiales, pero como él mismo razonó en sus escritos:

«¿Por qué tendría que conocer algo sobre ellos? La teoría del sistema alemán consiste en concentrarse en sus perversos matones y verdugos, dejando fuera de las atrocidades a sus soldados profesionales.»

El poeta descubrió en su obra el extraño mundo de la guerra en el desierto, como los hombres vivían y luchaban entre tormentas de arena, moscas, mosquitos, las fiebres producidas por estos, dunas, valles, interminables dunas de arena, días terriblemente calurosos y noches terriblemente frías, máquinas de guerra camufladas que brillaban traicioneramente a causa del abrasador sol, vehículos enteros bloqueados por la arena y cuerpos mutilados. Llegaría con las tropas británicas a Trípoli, y este era el estado de las unidades inglesas en aquel momento según sus propias palabras:

«La área es como una manta y hace que respirar sea difícil en todo momento, y a veces apenas eres incapaz de hacerlo.  Mi ojo izquierdo y mi frente se han hinchado sin razón aparente,  la piel y los ojos me pican y tengo un ligero dolor de cabeza tan fuerte que es  como si estuviera borracho. […] El agua, que parece agotarse siempre, tiene un sabor fuerte a desinfectante y sal, como si se hubiera mezclado con whisky. […] Miro hacia atrás y parece como si hubiera gastado parte de mi vida en la luna, como si hubiera sido una vida muy corta en una nueva dimensión

 Douglas participó con su unidad en tremendos y duros combates contra los alemanes como oficial tanquista, logrando destruir a varios tanques alemanes durante la 2ª y 3ª Batalla de El Alamein. Hay que decir que una ocasión su tanque fue impactado por una bala del cañón del 88, salvando la vida milagrosamente. En otra ocasión recogió varias pertenecías personales de alemanes muertos en el campo de batalla a los que él mismo había eliminado desde su tanque. Una de aquellas pertenencias fue una foto de una chica alemana que daría origen a la poesía escrita al principio de esta biografía. En otra ocasión encontró un ejemplar de “Así habló Zaratustra” cuyo antiguo propietario había subrayado las frases aplicables al ideario nazi. 
Keith no fue el mejor oficial tanquista de la guerra, pero no hay duda que lo hizo lo mejor que pudo, viviendo dentro de su tanque de forma ajena a la realidad:

«En el fragor del tanque, el mundo exterior parece misteriosamente silencioso y el territorio en que se adentra, punteado de carcasas humeantes de panzers del enemigo

Tuvo algunos enfrentamientos que casi rozaron lo épico contra unidades abrumadoramente superiores, pero siempre lograba escabullirse del combate gracias a la velocidad de su pequeño carro blindado. Como él mismo escribe en su obra, el mayor peligro de los tanques británicos no eran los tanques enemigos, sino las mortíferas piezas del 88 que se ocultaban entre las dunas. También su prosa nos describe el horror de la batalla con su total crudeza:

«Se distinguía que era un ser humano solo por la ropa. No tenía cara: en su lugar había una enorme leguminosa amarilla en la que unos ojos sin pestañas parpadeaban

También describe con crudeza las terribles muertes que los miembros de las tripulaciones tanquistas sufrían en el interior de sus tanques y los cadáveres que se encontraba, como por ejemplo, los que encontró a bordo de un Crusader:

«Su expresión de agonía parecía tan viva y apremiante, su mirada fija tan salvaje y desesperada... Me llenó de inútil compasión

Una mosca en el ojo seco de otro cadáver le hace pensar en Rimbaud, un Sherman ardiendo en el crepúsculo, en Ambrose Bierce. Al meterse en el  interior de un tanque  Fiat M 14-40 italiano averiano, del que surge un olor dulzón, para inspeccionarlo, apunta: 

«La tripulación estaba, por así decir, distribuida alrededor de la torreta. Al principio me resultó difícil de entender cómo estaban colocados sus miembros. Yacían en un torpe abrazo, sus blancas caras aún más blancas, como siempre estaban las de los muertos en el desierto, por la ligera capa de polvo que las recubría. Uno tenía un gran agujero en la cabeza, con todo el cráneo hundido por detrás de lo que quedaba de una oreja

Son muchas las escenas atroces en las dunas. Pero también hay lugar para la cotidianeidad de las raciones y las lecturas, la mecánica y la búsqueda de souvenirs del enemigo: las pistolas Luger y Beretta. Y para la exultante sensación de haber vencido y seguir con vida entre tantas cruces que jalonan el camino: 

«Nos repartimos el botín con el júbilo inmemorial de los conquistadores y, bajo la vieja manta del cielo comida por las estrellas nos acostamos a soñar con la victoria.»

Durante la campaña de África, Keith Douglas y su unidad fue responsable de la destrucción de al menos una docena de tanques enemigos, aunque no hay mención oficial encontrada por este autor a sus logros militares. Como hemos dicho su tanque fue alcanzado por un cañón del 88 en una ocasión, y tras aquello la campaña africana terminó para él. Seria ascendido a capitán con veinte cuatro años y regresó a Inglaterra con su unidad, los Rangers de Sherwood. En una carta que dirigió a un amigo el poeta decía:

«He sido cebado para la matanza, y ahora estoy simplemente a la espera de que esta comience.»

Douglas era uno de los hombres que sentía la llegada inminente de la muerte y hablaba de ello con sus amigos más íntimos. Resulta sorprendente comprobar cuántos de ellos acabarían teniendo razón, y por algún motivo semejante pensamiento se convirtió en una profecía irremediable. Douglas asistió a una procesión religiosa el último domingo antes del Día D para el que se había entrenado los meses posteriores a su convalecencia en Reino Unido. Luego dio un paseo con el capellán del regimiento, que recordaría que el joven poeta se había resignado a una muerte inminente y que no estaba deprimido por esa idea.  En opinión de un oficial compañero suyo, su fatalismo se debía a la sensación de que había agotado su ración de buena suerte en la guerra del desierto. 3 días después del desembarco con su tanque en la playa Gold pisaría una mina, muriendo en el acto. Sería enterrado en un seto muy cerca del lugar donde murió pero su cuerpo sería posteriormente recuperado y hoy en día descansa en el cementerio militar de Tilly-sur-Seulles, cerca de  Caen.

No hay duda que Keith Douglas no fue precisamente un “as” al uso, dado que no destruyó más que 8 o 10 tanques enemigos, entre los que se encontraban algunos Fiat italianos, pero fue sin duda el poeta bélico británico más importante de la 2ª Guerra Mundial.


sábado, 19 de octubre de 2013

Mis héroes favoritos III: Rümmelin, Otto.



Saludos amigos,

    Como ya sabréis actualmente estoy estudiando Historia Contemporánea en la Universidad de Oxford. Ahora estoy estudiando con el mayor detalle como nunca había hecho antes en mi vida la Primera Guerra Mundial. Es por ello que quiero hablar de otro de mis héroes favoritos de rostro anónimo que ya nadie, nadie, recuerda... salvo los pocos afortunados que hayan leído mi obra CABALLEROS DE LA POUR LE MÉRITE y yo... 

Rümmelein, Otto, es otro héroe de rostro anónimo que solamente es recordado hoy día porque en el lugar donde nació podemos encontrarnos una placa que lleva su nombre. Fritz nació el 9 de agosto de 1895 en la ciudad alemana de Zweisel. 

Disfrutó de una infancia feliz  rodeada de todo lujo, dado que era hijo de Henry Rümmelein y de Carolina Rümmelein, dueños del aserradero llamado Rümmelein-Zwieseler. Trabajó en el negocio familiar y en fábricas dueñas de amistades en la familia, tal y como hizo en su último trabajo: operario en una fábrica de madera. Con el inicio de la guerra en agosto de 1914 todos los jóvenes del país fueron llamados a filas, aunque otros muchos se alistaron voluntarios antes de ser llamados a filas, tal y como ocurrió con el joven Fritz. Como voluntario, se le asignó el 88º Regimiento de Infantería de la Reserva, con base en la ciudad de Hanau. Tras una breve instrucción militar fue enviado al Frente Occidental, donde lucharía contra franceses y belgas en los primeros compases de la guerra. 

Hay que decir que el muchacho era muy astuto y valiente, tanto que fue condecorado con la Cruz de Hierro de Segunda y Primera Clase. Estas menciones le sirvieron para ser retirado del frente y enviado a la escuela de Oficiales en febrero de 1915, lugar donde estudiaría hasta octubre de 1915. Al finalizar su instrucción fue ascendido a Teniente de la Reserva, pasando a ser comandante de la 9ª Compañía. Desde el 1 de mayo de 1916 sería ayudante de campo del Tercer Batallón de la Reserva del 87º Regimiento de Infantería. 

De nuevo en el Frente Occidental realizó nuevas acciones heroicas que hoy en día desconocemos. Por ellas sería condecorado con la Cruz de Caballero con Espadas de la Orden de la Casa Hohenzollern, además de la Medalla de la Valentía de Hesse. 

Debido a la falta de hombres y oficiales experimentados continuó en su compañía en todos los enfrentamientos contra ingleses, belgas, franceses y americanos los próximos años. La acción por la cual pasó a la historia fue durante el retiro de tropas alemanas en octubre de 1918. Su unidad estaba presente en las cercanías de una ciudad francesa llamada Croisilles  (ciudad al norte de Francia, muy cercana al paso de Calais). Su batallón resultó totalmente rodeado, y su liderazgo hizo que las tropas alemanas pudieran aguantar dos días de asedio. El  día 3 de octubre consiguió eludir la captura de sus hombres en el último momento, y además él mismo también estuvo a punto de caer en manos enemigas.  El 9 de octubre, tras casi una semana de duros enfrentamientos, reorganizó a todos los hombres de su regimiento: 2 oficiales, 5 sargentos y 18 soldados. Con tan exigua tropa consiguió que el enemigo no penetrará en sus líneas, defendiendo las trincheras que ocupaban a sangre y fuego. Sus ametralladoras tronaban sin cesar y sus ojos, enrojecidos por el humo y la pólvora, continuaban abiertos, mientras el joven Fritz continuaba yendo de un sitio a otro, allá donde fuera necesario algo de ánimo o apoyo de fuego. A pesar de los asaltos enemigos, la nueva línea defensiva organizada por el joven teniente sirvió para frenar al enemigo y para que otras unidades alemanas pudieran realizar una retirada ordenada sin caer en manos enemigas hacia una nueva línea defensiva férreamente fortificada. 


La Pour le Mérite, la medalla que ganó Otto que jamás llegaría a lucir.

Debido a su tremendo arrojo y sacrificio, así como a su heroísmo en aquellos momento tan dramáticos para el ejército alemán, su coronel le recomendó para recibir la más alta condecoración al honor y al valor, la Pour le Mérite, la misma que le entregaría el 28 de octubre de 1918. De esta forma sería el único oficial ayudante del Estado Mayor y de su batallón que recibiría tan alto reconocimiento. 

6 días de gloria, 6 días de inmortalidad. Una inmortalidad que comenzó cuando un fragmento de proyectil, en los últimos compases de la guerra, acabó con su vida un 4 de noviembre de 1918 en la ciudad francesa de Orsinval. 6 días de fama entre los escasos miembros de su regimiento en el último combate de su unidad, puesto que de haber sobrevivido algunos días más había regresado a casa, pues la Gran Guerra estaba a punto de terminar. 

Aquellos 6 días de fama le sirvieron para que sus compañeros se preocuparan de sus restos mortales, pues cargaron con ellos hasta su tierra natal, donde afortunadamente pudo descansar para siempre en el Panteón Familiar. Por eso ningún libro de historia recoge su foto y su efigie se ha borrado para siempre de cualquier fotografía, pues en solamente 6 días no pudo realizarse ninguna foto luciendo la Medalla más famosa de la Gran Guerra.

Alguien colocaría años después una placa en la casa en la que nació. Esa placa de metal, oxidada por el tiempo es el único vestigio que queda de la memoria de aquel héroe de guerra que no abandonó a sus compañeros a pesar de recibir la Pour le Mérite. Sus compañeros ya murieron, y ya nadie recuerda su sacrificio y heroísmo salvo estas páginas que con orgullo recogen la biografía de Fritz Rümmelein, Caballero de la Pour le Mérite.


jueves, 17 de octubre de 2013

Anécdotas legendarias I: El nieto de un héroe



Saludos amigos,

     No me gusta mucho hablar de mi trabajo en la empresa de videojuegos dedicada a vehículos blindados de la primera mitad del siglo XX y otros juegos porque normalmente no tiene mucha relación con mi faceta de historiador en este espacio, mi blog.

     Bien es cierto que disfruto de mi trabajo y me ayuda a pagar las facturas (las dos cosas en uno, quizás soy de los pocos que puedo decir que me apasiona mi trabajo y que además cobro por ello), no esperaba que los llamados "Eventos de Comunidad" fuera a encontrarme con alguien a quien tendría el gusto de conocer y saludar. 

     El Evento de Comunidad tuvo lugar en la ciudad de Burgos, y durante una visita a su museo Militar, que desde aquí os invito a que visitéis su excelente fondo, entre tanque y tanque, entre comentario y comentario se me acercó uno de los usuarios españoles y me dijo una frase que pasó a la posteridad:

- ¿Sabes que mi abuelo es Ion S. Dumitru?

Soldados rumanos condecorados con la Cruz de Hierro durante la 2ª Guerra Mundial

      Obviamente, salvo que seaís un jugador de World of Tanks será un nombre que no os dirá absolutamente nada. Aquí una breve reseña sobre este legendario héroe de guerra:

Ion. S. Dumitri fue un as de carros rumano. Luchó en la SGM 25 días, de los cuales 5 en el bando alemán, y después de que Rumanía cambiara de bando, 20 contra los alemanes. El 6 de marzo de 1945, Dumitru contribuyó a la destrucción de 6 contracarros enemigos y la captura de una batería de cañones de 150 mm.

     No podía salir de mi estupor y mi sorpresa se convirtió en dicha cuando accedió a enviarme información sobre su familiar del que apenas pude encontrar nada, gracias a que se molestó en enviarme varios textos traducidos del rumano, por lo que este héroe podrá brillas con luz propia en las páginas de mi siguiente libro, tal y como él se merece dado que en mi obra HÉROES BLINDADOS DE LA 2ª GUERRA MUNDIAL no puede escribir absolutamente nada por falta de datos. 

     Esta anécdota me hace pensar que mucha gente tiene familiares, amigos, o seres cercanos que pudieron ser héroes de guerra. Recordad que aquí hay un historiador dispuesto a escucharlos, a recopilar esa información y a publicarla para poner a vuestros parientes en el lugar que se merecen, independientemente de ideologias o guerras porque cada uno es un hijo de su tiempo.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Héroes Olvidados XVI: La tripulación tanquista más condecorada de la Primera Guerra Mundial

Estimados amigos,

     Retomo de nuevo el blog que he tenido olvidado durante 15 días por razones personales (terminando un nuevo libro sobre Tanquistas para una nueva editorial, no es Stuka Ediciones, mi editorial habitual) y por mis estudios en la Universidad de Oxford.

      Hoy hablaré de la tripulación tanquista más condecorada de la Primera Guerra Mundial en el mando británico. Una historia de coraje, valor y digna de cualquier acción blindada de la Segunda Guerra Mundial que recogeré con más detalle en mi próximo libro.

     Pogámonos en situación. El capitán Donald Richardson y su tripulación están en apuros. Sus hombres avanzan con un poderoso Mark IV contra las lineas enemigas. De pronto el tanque se queda atrapado enmedio del campo de batalla dentro de un cráter producido por un inmenso proyectil de artillería. El tanque, de nombre Fray Fentos no puede seguir avanzando.

Un Mark IV atascado en una trinchera. 

     Los británicos no pueden utilizar la poderosa artillería del tanque, ni siquiera las ametralladoras. Debido a ello no pueden hacer nada, y la poderosa mole británica es fruto de impactos recibidos de la artillería, ametralladoras, granadas y disparos de armas ligeras alemanas. Incluso varios soldados suben a su estructura y lanzan granadas al interior del tanque pero los heridos tripulantes logran defender el tanque incluso de los soldados alemanes, devolviendo y lanzando las granadas al exterior. 

     Los soldados no pueden salir, hace un tremendo calor en el tanque, más de 30 grados según las crónicas, y tras acabarse las escasas raciones los tripulantes se beben el agua del radiador del motor para intentar sobrevivir. Llega la noche, y con ello la bajada de las temperaturas. A pesar de estar heridos, hambrientos y sedientos logran aguantar la primera noche. 

     Esta situación se repetiría durante 3 días, donde el tanque es impactado en multitud de ocasiones por fuego británico y alemán, y los tripulantes sobrevivien esos tres días con sus noches en el interior del mismo. Mientras la batalla continúa a su alrededor.

Dibujo de la época detallando lo ocurrido.


     Milagrosamente los tripulantes pudieron ser rescatados, convirtiéndose en la más mítica tripulación tanquista, además de la más condecorada, de la Primera Guerra Mundial.

        De esta increíble historia hablaré en mi próximo libro con muchísimo más detalle.